En el año 1681, siendo Obispo de Jaén D. Antonio Fernández del Campo, tuvo precisión el Alguacil Mayor de la Ciudad, D. Lucas Manuel de Velasco, de llevar a cabo el registro de una casa sobre la que recaían sospechas de ser albergue de gente que tenía que liquidar cuentas con la justicia. Al llevar a cabo este servicio, un embozado que en la casa se encontraba, se echó a la cara un trabuco cargado con cinco balas, y apuntando al pecho del Alguacil Mayor lo disparó casi a boca de jarro, pues sólo estaba el criminal a cuatro pasos de distancia.
Cayó D. Lucas Manuel de Velasco al suelo, creyendo los alguaciles y demás ministros de justicia, que le acompañaban en el registro, que sería muerto. Desnudo que fue el Alguacil Mayor; le encontraron ileso y observaron que en un relicario con la imagen de Nto. P. Jesús, que llevaba colgado al pecho, se notaban abolladuras de las balas en el marco de Plata que el relicario tenía, pero que éste conservaba íntegro el cristal que resguardaba la estampa de la venerada imagen.
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