ARCO DEL CONSUELO

EL ARCO DEL CONSUELO



Escondido, aunque muy a la mano, el retorcido Callejón del Consuelo se nos presenta como un enclave de gracia y tipismo.
Quebrado con un tramo ciego, abierto en una doble salida, semeja un laberinto de callejuelas medievales que antaño se denominaron Callejuelas del Deán y Callejón de los Bodegones, pues desde antiguo fue lugar propicio para el asentamiento de tabernillas.
A su salida, siguiendo una tradición arquitectónica muy común desde tiempos medievales, la manzana se horodaba para facilitar el paso con un angosto cobertizo en que se abrió una pequeña capilla dedicada a la Virgen del Consuelo.


 

Foto: Lola Ocaña

En 1780 un francés reinstalado en Jaén, Juan Pedro Bergeira, compró aquellas casillas para demolerlas y edificar una más suntuosa, comprometiéndose a respetar la servidumbre del arco de la Virgen, que de esta forma quedó remozado y engrandecido.
En su lateral izquierdo un bello relieve presenta un grupo de angelitos que figuran sostener un nicho coronado con un medallón donde se realza una alegoría del Espíritu Santo. En el nicho, hubo un lienzo de cierto mérito que representaba la italiana iconografía de la Virgen de Belén, aquí la advocación de Nuestra Señora del Consuelo.
En el costado derecho se abría una reducida capilla, donde se guardaban los faroles y estandarte de la popular Cofradía del Rosario de Nuestra Señora del Consuelo, que cada anochecer recorría las calles del contorno cantando los misterios del Rosario.



LAS HISTORIAS EN EL ARCO DEL CONSUELO


Su carácter sagrado no impidió, que dada su permanente penumbra y su discreto emplazamiento, proliferaran los actos delictivos y punibles. Es fama, que cuando finalizaba el siglo XVIII una pobre mujer rompió el cristal del nicho para abofetear la imagen de la Virgen, lo que originó un gran escándalo primero y un multitudinario acto de desagravio después, de lo que quedó perenne testimonio en una tablilla que se colocó en la capilla.
También sucedió el 6 de octubre de 1848, bajo el arco, que unos desalmados asesinaron con ánimo de robarle, al Conde de la Puebla de los Valles, crimen horroroso que conmocionó a la ciudad y que tardó más de un año en solucionarse, dando garrote a los autores, los hermanos Juan y Silvestre Merelo, el 25 de octubre de 1849.


Texto de la Tabla que se guarda en la Capilla.