VERSIÓN DE ANTONIO ALCALÁ VENCESLADA
Decir de antemano, que podemos encontrar en la leyenda de Nuestro Padre Jesús variaciones. Porque el paso del tiempo y el boca a boca las deforma, y hacen que cambie pequeños detalles. Pero la estructura general podría ser la siguiente.
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Según cuentan unos, en la llamada Casería de Jesús y, según otros, en un cortijo que había cerca de lo que hoy es la Merced, y que bien pudiera estar en la actual calle del Jesús; vivía un matrimonio rico en virtud y en años, y solamente acomodado en bienes.
A la puerta del dicho caserío, tendido un grosísimo tronco de encina o pino esperaba la hora en que el aserrador lo dividiese en tablones para moblaje u obra. Se dice, que cierta tarde, puesto ya el sol, se presentó en el rellano de la casa un hombre de anciana edad pidiendo albergue, que le fue concedido, admitiéndolo el dicho matrimonio también a cenar en su compañía. A la mañana siguiente, el caminante dijo a su huésped, al ver el grueso tronco, que de él podría hacerse la imagen de un Nazareno; y notando incredulidad en su interlocutor, se comprometió a llevar a cabo tal empeño si se le ayudaba a entrar el madero en habitación donde se encontraba alojado.
Sigue la tradición contando como entre los dos hombres pudieron entrar a la casa, subirlo por angosta escalera y dejarlo en el reducido habitáculo, el pesadísimo leño; como el presunto escultor encerróse en tal departamento tras de haber aconsejado paciencia al matrimonio, y como éste, al no oír golpes, trajín alguno de trabajo, ni otro ruido, al siguiente día entrando en la cámara donde pudieron ver con grandísimo asombro la imagen prometida: un hermosísimo Jesús con un sudario de tosco lienzo.
Del maravilloso escultor nada pudieron saber, pues había desaparecido. Dio parte el matrimonio, quedó la imagen en el cortijo hasta que ambos murieron y entonces, para cumplir la última voluntad de sus dueños, fue trasladada al Convento de Carmelitas Descalzos donde tanto tiempo estuvo.
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