Nació Vicentín Tachina, niño prodigio digno de ser incluido en la historia de la Humanidad.
Cuentan que ya en el vientre materno dominaba tres idiomas y que al nacer recitó de corrido el Romancero Gitano. En la guardería, Vicentín se señaló enseguida al pintar en una pared una réplica exacta de la Capilla Sixtina, lo que le ganó la enemistad del resto de infantes que le retiraron los primeros balbuceos. Se aburría tanto en aquel lugar que sus padres decidieron matricularlo en el instituto donde, lejos de pegarle a los profesores, impartía clases a los catedráticos. Con los 5 años cumplidos acabó Medicina si bien le quedaron 2 de quinto, por lo que sus padres empezaron a preocuparse ante la bajada de rendimiento de su vástago, que enseguida desapareció tras aprobarlas una tarde mientras merendaba.
No ejerció de médico porque su verdadera vocación era estudiar en Oxford pero su madre se lo dijo muy claro "mientras no dejes de ir a la catequesis..."
El cariño a su madre se interpuso pues y siguió sus estudios en territorio español. Mientras se le caían los dientes de leche cursó Física, Farmacia, Ingeniería de Montes y un cursillo a distancia de director de orquesta. A los 8 años ya era un prestigioso matemático al que le llovían ofertas de trabajo que su corta edad impidió aceptar. Como no podía trabajar decidió entonces dedicarse a la política.
Empezó desde abajo, pegando carteles contra la OTAN y acabó de asesor de Bush con la aparición de los primeros granos de acné. Abandonó la política cuando ya sonaba para sucesor del presidente americano y regresó a España.
Incomprensiblemente dejó los estudios para dedicarse a la televisión donde se hizo tertuliano habitual en programas rosa. Hoy es un millonario que vende sus exclusivas y se guarda mucho en presumir de su prodigiosa mente, no vaya a ser que lo despidan de Crónicas Marcianas.
Juancarlos
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