Tal día como hoy... (texto marzo)

Tal día como hoy...



Con ocasión del referéndum para aprobar el texto de la Constitución Europea, Don Jordi Bodafont acudió bien temprano al colegio electoral para ejercer de presidente de mesa, cargo al que llevaba aspirando años. En su casa convivía con una esposa, tres hijos, un perro, un loro y una suegra que no le dejaban abrir la boca ni para bostezar. En el trabajo, una vez le dijo guapa a una señora, lo que casi le cuesta su puesto en el Instituto de la Mujer. Así pues por primera vez en su vida iba a sentarse en una mesa donde su voz iba a ser escuchada.
Pero aquel día no iba a resultar como él esperaba. Nada más llegar se encontró con un policía que, so pretexto de un retortijón incontenible, le entregó las llaves del colegio para que abriera él. Sorprendido mientras divisaba cómo el agente se perdía en el horizonte, accedió al interior del colegio electoral. Allá por las nueve de la mañana y sin que por allí hubiera aparecido un alma, procedió al inicio de la votación. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando a las once se presentó el primer votante, que se llevó un susto de muerte cuando comprobó que figuraba en el censo como difunto. Dos horas más tarde apareció un interventor de Izquierda Unida que disculpó su ausencia porque tenía que llevar a su hijo a la catequesis. A las tres de la tarde llegó su suegra con un tupper lleno de albóndigas y un brick de Don Simón que se metió en 3,2 segundos para celebrar que venía de tomarse la tensión y la tenía baja. Una avalancha de gente apareció mediada la tarde portando banderas del Barça y uno de ellos que se vio en el censo, estuvo a punto de votar hasta que supo para qué era. Faltando cinco minutos para el cierre, una familia del Opus se presentó a votar. La mitad de los miembros no pudieron hacerlo pues marcaron las ocho y Don Jordi dio por concluido el proceso electoral lo que provocó un cierto revuelo. A Dios gracias se fueron a misa blasfemando y en eso quedó todo. Tras introducir los votos por correo y comprobar que uno de los dos venía con un sello de Franco, el cual invalidó, procedió al recuento: un voto afirmativo y uno en el que se pedía la expulsión de Pocholo fue el resultado final. El señor Bodafont cerró y se fue a su casa con la alegría de vivir en un país donde hay libertad de expresión, aunque no lo dijo muy alto por si lo oían unos skins heads que estaban apostados en el portal de su casa.

Juancarlos