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 | ERMITA DEL EL CALVARIO |
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LA ERMITA DEL EL CALVARIO
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La ermita de El Calvario, levantada en el siglo XVIII en la cúspide de un pequeño cerro, frente al cementerio viejo, es uno de los enclaves más significativos de la ciudad.
En tiempos pasados, ponía un bello punto final a un vía crucis que trascurría a lo largo de todo el Camino de las Cruces. Lugar en el que se encontraba una cruz para cada una de sus estaciones.
Pero el desarrollo urbanístico de la ciudad, muchas veces descontrolado, le ha ido ganando terreno.
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Tras laboriosas gestiones, se consiguió regularizar la situación urbanístico-jurídica de la ermita, gracias a la generosa cesión que la familia Oya-Amate hizo del terreno preciso para rodear a la ermita de una lonja.
A partir de este hecho se procedió a la reforma y rehabilitación general de la ermita. Entre otras obras, se procedió al arreglo y saneamiento de tejados y muros; construcción de una sencilla espadaña con su correspondiente campana; adecuación de la artística reja que cierra la entrada; solería; cerramiento y muros de la nueva lonja.
Aprovechando los restos de dos de las antiguas cruces, se ha reformado la mesa del altar, adaptándola a los actuales usos litúrgicos.
Esta reforma, permitió la recuperación de un curioso documento epigráfico que hasta ese momento estaba oculto por la antigua mesa de altar.
Se trata de un poema grabado sobre una gran cartela situada en la parte frontal del basamento del monumental Crucificado que preside la ermita.
Las letras, de elegante factura, están hendidas en la piedra y repintadas en negro, apareciendo las palabras encadenadas y con abundantes abreviaturas de acuerdo con la epigrafía críptica de la época.
Constituye en conjunto un sentido acto de contrición expresado literariamente en forma de soneto, muy adecuado para iniciar o culminar las prácticas de religiosidad popular que a lo largo de los siglos XVIII y XIX fomentaron la visita cuaresmal de los giennenses al Calvario.
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El soneto dice así:
"…Dulcísimo Jesús por mí llagado,
en esa cruz de tres clavos pendiente,
coronada de espinas vuestra frente,
preso, escupido, muerto, alanceado,
de injurias y de azotes maltratado.
No os tiene así, mi Dios omnipotente,
la perfidia judaica e insolente,
sino mi ingratitud y mi pecado.
Por sentir vuestras penas lloro y muero
del gran dolor de haberos ofendido
por ser quien sois a quien más amo y quiero
no más pecar propongo arrepentido
y de mis culpas el perdón espero
que tu Pasión me tiene prometido…"
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