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 | ARCO DE SAN LORENZO |
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EL ARCO DE SAN LORENZO
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El popular "Arco de San Lorenzo" , situado en la confluencia de las calles Almendros Aguilar y Madre de Dios, es el único vestigio que resta de la antigua iglesia parroquial de San Lorenzo, surgida a fines del siglo XIII, o comienzos del XIV.
Fue iglesia parroquial de una sola nave, que ocupaba el terreno que hoy se corresponde con las casas números 2 y 4 de la calle de San Lorenzo.
Como el desnivel del terreno era muy acusado, los constructores de la iglesia tuvieron necesidad de voltear sobre la calle Maestra Alta el torreón, en cuya planta superior se situó el altar mayor y sacristía de la parroquia y en la parte inferior una pequeña capilla dedicada al santo titular.
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La iglesia de San Lorenzo contuvo un excelente tesoro artístico. Destaquemos un retablo de Ánimas; la bella tabla de Santo Domingo y San Bartolomé de la Cuesta y el legendario lienzo del Cristo de las Injurias, todos ellos hoy en la cercana iglesia de la Merced.
La importancia local de esta parroquia de San Lorenzo y su capillita abierta en el arco es indudable. La famosa "Crónica del Condestable Lucas de Iranzo" , hace repetidas alusiones a ella. Es tradición que aquí se veló el cadáver de Fernando IV el Emplazado, muerto trágicamente en Jaén el 7 de septiembre de 1312, tras la maldición de los Carvajales.
Durante siglos, fue norma que en los entierros de los obispos de la ciudad, se hiciese una parada en el Arco para entonar un responso.
En San Lorenzo se bautizó, el 6 de julio de 1555, a Maximiliano de Austria, primo del Emperador Carlos V.
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En el Arco está sepultado Juan de Olid, secretario del Condestable Lucas de Iranzo. La pequeña capilla del Arco sirvió de capilla titular del cercano Hospital de la Madre de Dios, fundado en una casa aledaña, en 1491, por don Luis de Torres, hijo del Condestable Iranzo; también sirvió de capilla al primer y efímero Seminario Conciliar, abierto en Jaén en 1620.
En 1825, por su estado ruinoso, la iglesia de San Lorenzo se viene abajo. La parroquia y el archivo se trasladan a la iglesia de San Bartolomé. Y su tesoro artístico se reparte entre San Bartolomé y la Merced.
Sólo queda en pie el Arco de San Lorenzo, pero en completo abandono.
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En 1832 se vende a don José Carrillo Serrano el solar de la iglesia para construir una casa. En 1844, al desplomarse unas ruinas del torreón sobre la casa, se acuerda, por vía de indemnización, ceder a don José Carrillo Serrano la estancia superior del Arco, con la obligación de que él y sus descendientes cuidasen de la capilla.
Una campaña en pro de la demolición del Arco motivó que, gracias a los desvelos de un grupo de giennenses, encabezados por el catedrático don Federico de Palma Camacho, se consiguiera que por Real Orden de 11 de octubre de 1877, publicada en la "Gazeta" del 20 de octubre, se declarase el Arco de San Lorenzo, Monumento Nacional, salvándolo así de su seguro derribo.
Durante muchos años, el Arco permaneció inalterable. La planta alta estuvo ocupada por los propietarios de la casa lindera, según el acuerdo antes citado, y destinada a usos domésticos.
La planta baja, con entrada desde la calle, estuvo abierta al culto y muy concurrida, por cierto, de la devoción del pueblo, que solía dejar en sus testamentos limosnas para misas en el Arco.
Sobre el altar había una antigua pintura del Crucificado y ante ella dos imágenes, una Dolorosa y un San Lorenzo, ambos de talla.
Con motivo de la Guerra Civil de 1936-39, la pequeña capilla se cerró, transformándose en refugio.
Losada su entrada, el Arco de San Lorenzo quedó ignorado durante años, pese a su condición de Monumento Nacional.
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En mayo de 1968, don José Cámara Carrillo segregaba por escritura pública, la estancia superior del Arco, de la casa número 37 de la Calle Almendros Aguilar, que hasta entonces la ocupaba con dependencias domésticas, y la donaba al Estado, que aceptó la donación en 30 de diciembre de 1968.
Gracias a este gesto, el Arco de San Lorenzo pudo recobrar su primitiva unidad y en 1969 la Dirección General de Bellas Artes comenzaba las obras de restauración, que fueron encargadas al arquitecto don Luis Berges Roldan.
Finalizadas las obras el Arco continuó cerrado a falta sólo de pequeños detalles y a la espera de encontrar una utilización práctica.
Por último, en febrero de 1981, la Dirección General de Bellas Artes cedía el uso del Arco de San Lorenzo a la asociación "Amigos de San Antón" , que con un mimo ejemplar y digno de imitación, ha finalizado los últimos detalles de la restauración para destinarlo a una serie de actividades culturales.
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El Arco de San Lorenzo tiene acceso directo desde la Calle Almendros Aguilar. Por una puerta de época y una deliciosa escalerita se accede a la capilla cubierta de bóveda de ladrillo; en cuyo centro pende un colgante de yesería del que engancha una lámpara votiva. Toda la pared de la capilla está cubierta por un valiosísimo zócalo de alicatado mudéjar.
Sobre el altar hay un nicho de arco rebajado, decorado de fina yesería mudéjar, yesería que corre a manera de festón sobre todos los paneles de azulejos. En este nicho, sobre un fondo de damasco rojo, hay un buen crucifijo. En los dos laterales de la entrada, sobre la azulejería, corre una inscripción en letra gótica que dice:
"Esta capilla de Jesús Nazareno es.../...del Hospital de la Madre de Dios".
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