Es muy conocido el recurso utilizado por el Cabildo de la Catedral para poner a salvo la reliquia del Santo Rostro de un posible robo o profanación durante la invasión francesa.
Adueñado el ejército francés de Jaén, en enero de 1810, una de las preocupaciones máximas del Cabildo Catedral era la de preservar el Santo Rostro de cualquier incidencia.
Se temía fundadamente que la riqueza del relicario motivara un robo o expoliación, o que la soldadesca francesa, en alguna revuelta o combate, profanara la reliquia.
Al ser imposible retirar la reliquia del culto público, el Cabildo Catedral dejó en manos del canónigo dignidad de Chantre, don Luis Xavier de Garma, la búsqueda de alguna fórmula para tan delicado asunto.
Don Luis Xavier de Garma y Moreno, de acuerdo con algunos miembros del Cabildo, sacó el Santo Rostro de la Catedral con el mayor sigilo en la noche del 28 de diciembre de 1810 y lo trasladó a su casa sita en la calle de Jorge Morales. Allí, el pintor don Manuel de Cuevas realizó una copia fidedigna del sagrado rostro, que pasó a ocupar el lugar de la auténtica.
La tabla original de la reliquia se colocó en un simple marco de madera pintada de blanco y metida en un cajón, se colocó sobre el muro de una sala de las galenas altas de la Catedral, junto a un acta que la autentificaba. Así, aunque las tropas francesas requisaran el relicario, al menos no se perdería la reliquia.
Allí, escondida y olvidada permaneció hasta el 22 de septiembre de 1812, en que libre Jaén del dominio francés volvió a colocarse en su relicario. Durante todo este período de tiempo, la reliquia que se ofrecía a la veneración de los fieles, era pues una falsificación.
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