El rey de Castilla, Don Juan II, encomendó en 1439 la defensa y guarda de las tierras de Jaén al Obispo de la Diócesis D. Gonzalo de Zúñiga. Con el propósito de garantizar la paz del Reino, algo alterada por la vecindad de los moros y por los bandos de las familias nobles.
Quiso este Obispo poner paz entre los caballeros de Baeza, que eran los más revoltosos, convocando la "Junta de la Callejuela"; mas aquellos inventaron que el Prelado intentaba hacerse dueño de aquella población, por la que al ir a hacer la visita pastoral, no le admitieron. El Prelado entonces, gravó a Baeza con sus censuras y la puso en entredicho, negando a sus vecinos los auxilios espirituales de la Iglesia.
Para solucionar a estas diferencias. D. Juan II (en 10 de Octubre 1444) instituyó este Principado, dando las ciudades y villas de la tierra de Jaén a D. Enrique, al mayor de sus hijos, que después reinó con el nombre de Enrique IV.
No mejoraban, ciertamente, las diferencias entre los nobles. A cada acto de paz y cesación de hostilidades, seguían nuevas violencias, con robos, saqueos, muertes y heridos. Baeza era el centro de esas luchas, el corazón de ellas y de allí irradiaban a Jaén, a Úbeda y Andujar.
Había el Príncipe concedido, en 1446, a la Cofradía de Santiago de los Ballesteros, de Baeza, nuevos estatutos buscando así una fuerza militar que contrapesase la que los nobles tenían y en la que se amparaban; y confiando en ella y para dar personalmente solución a tantos desmanes, resolvió visitar aquella ciudad, a la que llegó en la primera quincena de Enero de 1449.
En los días que el Príncipe D. Enrique permaneció allí, la ciudad le obsequió con una fiesta de toros, una comida y un presente. No fue mucho en verdad, pero en aquellos tiempos, era este agasajo muy superior y muy famoso.
Poca fortuna tuvo el Príncipe en su visita a Baeza. A las cuestiones de los bandos, que era la forma política dé entonces se unieron las otras calamidades publicas; nuevo entredicho del Obispo; luchas con los moros del Reino de Granada, que acabaron con las treguas de Septiembre de 1452, causando perturbaciones en la frontera.
Cesó D. Enrique en el Principado, cuando, muerto su padre D. Juan I. en 1454, heredó el trono.
La fortuna de Enrique IV como Rey, no fue mejor que la que tuvo como Príncipe. Hasta la buena voluntad que demostró para evitar las diferencias, le faltó entonces; y el Reino de Jaén, fue durante su reinado, campo donde los altos y bajos, sembraron odios y rencores, arrasaron cosechas y cometieron latrocinios; y al amparo de las influencias de enemigos tan irreconciliables como D. Beltrán de la Cueva, D Miguel Lucas de Iranzo, el Marqués de Villena, D. Pedro Girón y el Obispo D. Alfonso Vázquez de Acuña y otros, que se repartieron la influencia de nuestras ciudades y villas.
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